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El relato popular del apalpador gallego ganó fama durante la primera mitad del siglo XX. Descubre a continuación quién es este curioso personaje navideño típico de Galicia.

 

Cuando llega la Navidad, todos esperamos a que Santa Claus/Papá Noel venga a darnos sus preciados regalos sacados de ese gran saco que parece no tener fondo. 

 

Va en su trineo, con el famoso Rudolph y sus compañeros renos dispuestos a andar por el mundo regalando ilusión a los pequeños y no tan pequeños. Pero no solo Papá Noel es un gran icono de la Navidad. Cada región cuenta con ciertos personajes particulares muy típicos que solo se conocen en ese lugar, y Galicia no podía ser menos.

 

Por ejemplo: ¿has oído hablar alguna vez del Apalpador gallego? No es un personaje tan conocido y, sin embargo, aquí en Galicia nos encanta contar su leyenda. Y como queremos compartir un pedacito de espíritu navideño al más puro estilo gallego, quédate a leer y te enseñaremos quién era el Apalpador, su origen y su leyenda.

 

 

¿QUIÉN ES EL APALPADOR GALLEGO?

 

Se le conoce también como Pendigueiro y es una figura del legendario gallego que, al igual que Papá Noel, lleva a los niños regalos por Navidad.

 

Su aspecto es el de un hombre amable, muy grande, con una larga y poblada barba roja, boina, una chaqueta verde remendada y con una pipa siempre en la mano. Es muy conocido en las comarcas de Sarria, Quiroga, Lemos y los Ancares (sur de Lugo y norte de Ourense)

 

Lamentablemente, dado su origen muy remoto (igual que ocurre con la fiesta del Samaín o similares de tradición celta), durante muchas décadas se dejó de recordar su figura. Sin embargo, gracias a la publicación de José Lopez en el Portal Galego da Lingua, se ha recuperado gran parte de su tradición y se ha vuelto a rememorar su historia.

 

 

LEYENDA DEL APALPADOR GALLEGO

 

Este afable personaje baja de las montañas hacia las aldeas y las villas todos los años el día 24 o el día 31 de diciembre (incluso hay quien dice que baja ambos días). Mientras camina, recoge todas las castañas que divisa y las guarda en un gran saco. Así, cuando va visitando las casas, se acerca a los peques y les palpa la barriga para ver si han comido suficiente durante este año. Como premio, deja siempre unas castañas en su mesilla para que, tanto si han comido suficiente como si no, tengan como regalo un pequeño manjar. 

 

Hay que tener en cuenta que antaño las castañas se consideraban como casi un lujo, por lo que la figura del Apalpador cobraba especial importancia no solo como símbolo de abundancia en el hogar (los inviernos podían ser verdaderamente duros en cuanto a hambruna), sino también como encarnación de la naturaleza. Nace así como una figura entrañable que buscaba por encima de todo que los niños pequeños no pasaran hambre.

 

Obviamente, la figura del Apalpador se ha adaptado a los nuevos tiempos y ya no trae solo castañas a los más pequeños, sino también ropa, juguetes o chuches que pueden encontrar al día siguiente a los pies de su cama. 

 

Eso sí, ¿qué pasaba cuando los niños se portaban mal y no comían porque no querían? Pues para contároslo bien, aquí va la leyenda de Miguel y el Apalpador.

El apalpador gallego dibujado

EL CUENTO DE MIGUEL Y EL APALPADOR

 

 

Hubo una vez viviendo en una villa un niño llamado Miguel. Hacía muchas travesuras, cabreaba mucho a sus papás y, sobre todo, no comía bien. Cada vez que se sentaba a la mesa, sus padres vivían una auténtica odisea porque, si la comida no le gustaba, simplemente no quería comer, se enfadaba y tenía muchas rabietas. 

 

Por mucho que se lo repetían sus padres, pasaban los días y Miguel seguía sin comer bien. Sus padres un día le dijeron: “Miguel, si no comes bien, el Apalpador vendrá, te tocará la barriga y no te dejará nada si tienes la tripita vacía”.

 

Aunque Miguel temía quedarse sin regalos del Apalpador, no hizo caso, hasta que llegó la noche del 24 de diciembre.

 

El 24 de diciembre, día de Nochebuena, Miguel vio que había pasado todo un año sin comer bien. Iba a llegar el Apalpador y le iba a pillar con la barriga vacía si no hacía algo. ¿Qué hizo entonces para intentar engañar al Apalpador? Cogió todas las salchichas que encontró en la despensa y se las comió de un solo atracón. 

 

Obviamente, esto acabó en una terrible indigestión y Miguel durmió muy mal la noche de Nochebuena. Tan mal que a las 2 de la mañana pudo oír un ruido que venía de la chimenea. Asustado, intentó hacerse el dormido, pero el Apalpador le pilló:

 

“Miguel, a mí no puedes engañarme, aunque tengas la barriga llena, sé que no has hecho caso a tus papás y no has comido bien el resto del año. Te quitaré el dolor de tripa, pero ningún regalo mereces”. 

 

Así, el Apalpador frotó la tripita de Miguel y este, viendo su olor aliviado, se quedó dormido.

 

Al día siguiente despertó con mucha ansiedad, buscando desesperadamente qué le había dejado el Apalpador como regalo, no podía creerse que no le hubiera dejado nada. Solo encontró un poco de carbón y una valiosa lección: debía obedecer más a sus papás y comer bien, y así el Apalpador le traería regalos la próxima vez.

 

¿Te ha gustado el personaje del Apalpador gallego y su leyenda? Forma parte de nuestra tradición gallega y nos sentimos particularmente felices de compartirlo contigo.

 

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